Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Estudiantes’

Hace poco más de dos años que colaboro con una cátedra en la facultad y algo de lo que pudimos observar y aprender sobre este rol y su importancia en la enseñanza del derecho va en esta entrada.

Las ideas del post fueron potenciadas y alentadas por algunos comentarios en este post en ALC con Pablo Carducci. La idea, entonces, es tratar de aportar algunas nociones, recogidas durante estos poco más de dos años, para alumnos que tengan inquietudes docentes y ayudantes alumnos (AA) que se den una vuelta por esta pequeña bitácora. Y por que no para docentes ya de años que puedan hacer sus aportes en los comentarios.

§

La relación con los compañeros

La primera cosa a tener en cuenta por un AA, es su condición de tal. Es decir: somos estudiantes! Una de las cosas con las que tenemos que lidiar los estudiantes, que somos ayudantes, es con la percepción, en ocasiones prejuiciosa y en otras con base fáctica más que suficiente, de que nos creemos ya profesores titulares, o vaya a saber qué cosa. Existe una idea extendida, que se filtra por los pasillos de la facultad, que en general es posible encontrar un halo de superioridad del ayudante hacia los alumnos que están cursando, una especie de pedantería por pertenecer a una casta académica (?). No lo digo por experiencia de haber tenido ayudantes alumnos con esa característica, pero por las charlas y comentarios con compañeros está latente esta percepción. En definitiva, toda la tarea del ayudante alumno debe estar permeada por esta concepción e idea primaria y fundacional: “soy alumno y colaboro en un proceso de enseñanza con mis compañeros”. Ubicarse en la góndola académica, digamos.

Otra cuestión que me parece interesante, y entiendo debe sostener a modo de pilar la tarea del AA, es la de constante aprendizaje. Vale decir, al terminar de cursar nuestras respectivas materias no la conocemos con profundidad, sino que nos falta mucho (y mucho) camino y tierra por recorrer para sabernos “baquianos” de la materia. Eso dejémoselo, si corresponde, a algunos profesores con mas kilómetros recorridos. Los AA, recién estamos armándonos de algunas herramientas para profundizar en las bastas tierras de nuestra disciplina. Sabemos, quizás, algo más que nuestros compañeros que cursan la materia. Algo así como alguien que cursó la materia y la hace de oyente nuevamente y sus compañeros le preguntan cosas sobre la materia dada su reciente experiencia en haber aprobado el curso, su interés por la materia y el deseo de enseñarla con solvencia.

Creo que es vital saber ponerse a disposición de los compañeros en todo lo relacionado con la materia. Prestancia para acompañar y asistir, con la cercanía que nos da el ser compañeros, a los alumnos en el proceso de enseñanza. Sencillez y humildad para estar a disposición en el marco del curso (docentes y AA que quepan en esta última frase son una especie no en extinción sino en escases, pero buscando uno encuentra). Recordar siempre que el objetivo no es la chapa universitaria, sino que el fin último es colaborar con excelencia en el proceso enseñanza y formación de los estudiantes, nuestros compañeros. Lo contrario sería poner el carro delante de los caballos, la cosa así no camina (de esta fauna también hemos encontrado en la facultad, por favor evitar).

Nunca ayudar a que los alumnos aprueben el curso de maneras espurias. Ser permisivos con las faltas o trabajos prácticos (si a uno le toca llevar el conteo de estas variables evaluativas) es algo que no debe pasar. Quizás en el corto plazo ayude a “caer mejor” pero es definitivamente penoso. El AA no es un compañero macanudo que te pasa la tarea, o te sopla en un examen (esto último lo hemos visto). También ser exigente en la medida necesaria y en línea con los parámetros del adjunto es algo que debe mantenerse sin caer en el ortibismo gratuito. Aquí la pauta a seguir es el equilibrio conceptual y de acción.

La relación con el Adjunto y/o JTP

Creo que cabe lo dicho en cuanto a la prestancia con relación a los estudiantes pero intentar no caer en el chupamedismo full time, se puede hacer todo bien en relación a los alumnos pero chuparle las medias al profesor es algo que merece, desde cualquier perspectiva, las sanciones más severas lindando con las penas privativas de la libertad, dar rienda suelta al ius punendi, en tales supuestos es lo que recibiremos de los compañeros y eso dificulta y pone obstáculos al momento de brindarnos y colaborar en el proceso de enseñanza.

Creo que la tarea aquí es intentar suplir descuidos involuntarios, olvidos, que en el frenesí del curso es entendible que el profesor tenga. Nuestros Adjuntos y JTP’s son humanos (no idealizar), gente de a pie que además de dar clases, tiene familia, otro trabajo y problemas como todos, características que poseen (recordar siempre), amén de los doctorados, postdoctorados, y masters que tengan en su haber académico. Allí está la tarea del AA, tratar, con tacto, ojo clínico y sensibilidad, de ayudar al profesor para que no haya baches involuntarios en el cuatrimestre o año. Recordar lecturas, fechas, bibliografía, sugerir jurisprudencia y artículos novedosos que sirvan para incorporar al curso, colaborar en el seguimiento de los alumnos en cuanto al desempeño de los mismos. Intentar aportar una mirada fresca sobre cada curso y su evolución en general.

Algo más para aportar al curso, desde el AA, es la inserción de la Web 2.0 en el proceso de enseñanza, usar esta potente herramienta para reducir brechas entre el conjunto de docentes que está en el curso y los alumnos. Desde el mail, hasta un blog, facebook (existen posgrados que tienen su grupo de facebook), y todos los recursos que rodean estas herramientas (algo que no hemos visto es el uso de twitter, aún).

El momento de dar clases

Algo que nos pasa a los AA que nos gusta la docencia y disfrutamos de ella es que andamos siempre con ganas de dar clases. No vemos la hora de que nos pasen la posta en una clase, un tema, aunque sea unos veinte minutos.

Ante tal situación caben dos cosas, además de las mencionadas hasta el momento. En primer lugar es necesario comprender que no se enseña solamente desde “el frente” de la clase. Sino que también se puede y debe hacer en charlas informales en los minutos previos y posteriores a la clase. Para quienes nunca han hablado en público quizás debutar en primera y encima a cancha llena y con el Barcelona de local puede ser bastante traumático. Para evitar tal acontecimiento quizás se puede comenzar en un amistoso informal, sin indumentaria oficial y sin público presente: nos referimos a estas charlas donde se puede aprovechar para suplir algunas falencias de modo particular o de a grupitos de cinco o seis, quizás hacer reflexionar al estudiante en esas charlas sobre sus dudas y guiarlo en indagar más profundamente algunos contenidos, sugerir rever puntos oscuros donde anda flojo. Ese es un gran comienzo que nos prepara para luego debutar a cancha llena (todo el curso), contra el Barcelona y la mirada atenta del DT, nuestro adjunto o JTP. Todo esto por que, recordar siempre, ¡nosotros también estamos aprendiendo!

En segundo lugar estar siempre preparados, tener estudiado en cada clase el tema, fallos, bibliografía, trabajo práctico, etc. que se dé en cada clase. Eso tiene algunas bondades: seguimos profundizando en la materia con el afán de hacernos baqueanos de la misma para enseñar cada día mejor y ser mejores profesionales, por otro ante las dudas que surjan de modo particular o en grupitos, como apuntábamos, podremos responder con solvencia, soltura y seguridad. Cuando podemos ayudar a un estudiante, que además es compañero, a solucionar dificultades en el proceso de enseñanza estamos cumpliendo con nuestra tarea (!). Otras de las bondades, y me ha pasado, es excepcional pero se da, que por una situación totalmente imprevista el adjunto no puede avisar con tiempo a nadie para que pueda dar la clase, situación difícil, allí entramos nosotros. Oportunistas, en el mejor sentido de la palabra, y de este modo también colaboramos con nuestro adjunto. Siempre listos.

§

A modo de homenaje también va este post al AA de la universidad pública, que aún estudiando, trabajando y con demás ocupaciones personales se hace el tiempo para preparar clases, leer material, corregir trabajos prácticos, y asistir a las clases. Desde Alegando Derechos nuestro ¡chapeau!, en homenaje a la tarea silenciosa y constante.

§

Quedaron algunas ideas fuera del post todavía en elaboración pero completaremos y las adosaremos a un próximo post (o al menos eso esperamos).

Read Full Post »

Una cuestión que se presenta como medular en la vida académica de todo estudiante de derecho son las instancias de evaluación del conocimiento adquirido (parciales, finales, defensa de trabajos prácticos, etc.). Cada mitad de cuatrimestre, o final de los mismos, al caminar por los pasillo de la facultad uno se encuentra con grupos de estudiantes reunidos en las puertas de las aulas esperando que llegue el profesor para tomar el escrito o que salgan a quienes se les está tomando un oral, en esos grupos se genera un nivel de pertenencia, de dialogo y empatía tan grande como pocas veces se ve a lo largo del cuatrimestre. Ese hecho de los parciales quiebra (temporalmente) la lógica individualista con la que somos formados en la facultad. Situaciones que provoquen tanta presión, pocas. Este escenario se hace más complejo, turbio y demencial cuando en el primer cuatrimestre de la carrera nos prestamos a rendir nuestra primera materia de “derecho”, Civil  I o, llamado también, Civil Parte General (un estudiante que en su vida leyó un libro de 200 páginas en una semana le enchufan los dos tomo de Rivera, es caótico, crítico, pero ante todo un desafío formativo). Situaciones como los parciales son un abismo de profundidades desconocidas.

Vaya entonces este breve comentario a partir de la vivencia de todas estas  situaciones que nos generan, a nosotros los estudiantes de derecho, estas instancias de evaluación.

La primera situación a tener en cuenta, y esto los profesores lo saben muy bien, en muy pocas ocasiones es posible volcar en un examen todo lo que uno ha aprendido, por varias razones. La primera es una limitación de tiempo, la otra es el, siempre odioso, papel que juegan los nervios en estas instancias. Y una muy sencilla, tengo para mi que, uno cada vez que sale de una materia posee un vistazo general de la misma pero sin profundidad y meditación. Es decir que cada vez que salimos de una materia tenemos una visión sobre ella (en el mejor de los casos) como una foto de muy poca definición que en cuanto le hacemos zoom se pixela inmediatamente. Ese es el conocimiento con el que llegamos a un parcial, con la inseguridad de que apenas nos realicen preguntas sentimos que se nos pixela la foto (!).

Otras de las cosas que creo más erramos los estudiantes es pensar que el parcial se aprueba el día en que se rinde. Lo que sucede el día del parcial (aprobar o desaprobar) no nace por generación espontánea sino que es consecuencia de todo el cuatrimestre. Es decir, el parcial no lo apruebo el día del parcial, sino que lo estoy aprobando (nótese el tiempo verbal) cada día de estudio previo en el cuatrimestre, con cada pregunta realizada en clase por más estúpida que la sienta (tenemos que asumir que “nuestra pregunta no molesta”. Además los estudiantes en las materias que cursamos gozamos de una impunidad absoluta en cuanto a la materia, una especia de inimputabilidad estudiantil, hasta el día del parcial… claro está), con cada asistencia a clases y fundamental ganas de aprender.

Otra cosa que no es tenida en cuenta, con respecto a los parciales, es que no son tomados como algo formativo en si mismo. No apreciamos como estudiantes la proyección formativa de esas instancias de evaluación. Digo esto por que hay cosas de los exámenes que son, por demás aprovechables, si es que las dimensionamos en el, por lo menos, mediano plazo: tener un conocimiento más o menos manejable respecto de una materia, luego, ese conocimiento, exponerlo oralmente frente a un profesor con alto conocimiento de la materia (dato no menor), estar expuesto a constantes preguntas y repreguntas, y articular respuestas coherentes  y correctas en base a lo estudiado. Manejar la presión que implica la preparación de la materia, pasar por escrito en un tiempo limitado algunas respuestas,  o exponerlo oralmente. En definitiva, estar expuesto a una situación de conflicto y en ese contexto poder argumentar, responder, precisar conceptos, y además, en la previa estar condicionado por tiempos, son de las instancias formativas más fructíferas en la carrera. Reivindico el examen desde esta perspectiva.

Vaya también la reivindicación para el pensamiento tabú previo a un parcial, desaprobar, ser bochado, it´s over… De las noticias más desagradables que uno puede recibir siendo estudiante de derecho y más aún sabiendo como te lo comunican algunos profesores. Desde este punto de vista, tabú, también reivindico la capacidad formativa del parcial desaprobado y de la materia bochada. Puesto que el punto problemático no está en la materia perdida o el dos que me saco en un primer parcial (este último punto es, creo yo el más difícil por que se sigue conviviendo en el ambiente en el cual se obtuvo ese dos y encima se debe enfrentar un recuperatorio, con todo lo que ello implica) sino en la capacidad del estudiante para reponerse a ese estado de cosas negativisimo (inventé palabra, perdón!). La “escuela” del fracaso para el estudiante de derecho es la mejor formadora de carácter, perseverancia, constancia, amor propio, coraje, valentía. No hay como la fortaleza en el carácter de un estudiante (sobre todo el de derecho, por la convivencia cotidiana con el conflicto) que ha remontado las peores notas, los finales mas duros, los profesores más mala leche -los hay- y los más exigentes al momento de evaluar (no confundir esta segunda categoría con la primera, por lo general nos quedan buenos recuerdos de los últimos), dado que la victoria implica necesariamente haber pasado, superado y asimilado derrotas. Sin derrotas es difícil saber lograr y disfrutar victorias. Las derrotas y fracasos son las etapas en la vida del estudiante de derecho donde se cocinan futuras victorias. Desde esta perspectiva también reivindicamos las instancias de evaluación.

Ante cada cuatrimestre, cuando vemos que se pone dura la carrera observemos en la puerta de la facultad como otros estudiantes han rendido su última materia y son víctimas de cruentos ataques (por amigos y familiares) de aceite, mostaza, yerba y demás cosas, con que nos detengamos unos segundos y esa imagen nos saque una sonrisa valdrá la pena continuar hacia la primera meta, recibirse con el bendito cartón debajo del brazo. Otro ejercicio sano y aliciente es asistir ocasionalmente a entregas de diplomas, pasar un rato, mirar, cargar pilas y seguir en la trinchera del estudiante de derecho.

Nuestra reivindicación desde la, esforzada y conflictiva pero siempre apasionante, trinchera del estudiante de derecho…

§

Queda para otra entrada indagar sobre las fallas de los sistemas de evaluación y sus limitaciones y como llevan a (nosotros) los estudiantes a memorizaciones estériles que secan la capacidad para pensar en (y el) derecho, es decir, sacar el martillo y comenzar a martillar sobre las falencias de la facultad, sus profesores, los ayudantes alumnos, la bibliografía, la manera en la que se enseña y aprende. También en algún otro momento recordaremos algunos profesores de la facultad que han marcado mucho desde sus materias nuestra manera de aproximarnos al derecho.

 

Read Full Post »

“Desde la escuela de primeras letras hasta el aula de la universidad, cada hombre debe aplicar su inteligencia a sus aptitudes, nada hay más estéril que el estudio forzado de lo que no se comprende, nada más triste que privarse de aprender lo que se desea.”

José Ingenieros, Las Fuerzas Morales.

Ahora seguimos con lo que va a ser una de los andariveles por los que haremos rodar a este blowg, la enseñanza del derecho. Si bien el post no se relaciona directamente, decidimos comenzar por este tópico previo a meternos totalmente de lleno con los temas, problemas y logros de la enseñanza del derecho desde la perspectiva que apuntábamos al comienzo (aqui).  Quizás, esa es la idea, le pueda servir a chicos, chicas que salen del secundario e incluso a aquellos más grandes que desean estudiar alguna carrera ampliando sus conocimientos.

§

Suele suceder, casi como regla absoluta, que finalizado el secundario (en su variante, secundario tradicional, o polimodal –no sé si hay alguna otra opción-) la pregunta que se impone, con mucha ponzoña, odiosamente, que molesta como calor en verano, es ¿Qué estudio? Frente a nosotros se presenta un vacío colmado de incertidumbres, horizontes universitarios difíciles de abordar y comprender, que a su vez se nos presentan lejanos, ajenos, intimidantes. Nos encontramos totalmente perdidos, lost, sin muchas ideas de como salir de ese estado.

Pero ante esa pregunta solemos acudir a las guías de carreras universitarias, aburridas, extensas, al mirarlas ya dan fatiga, en estos últimos años test vocacionales on line, o buscando en carreras que intuitivamente podemos suponer que nos gustarán, sin tener la más mínima idea de su contenido. Reina, pues, una desorientación global en los adolescentes cuando salen del secundario. Además esa falta de orientación, común y entendible, es fomentada por colegios secundarios que no estimulan de modo diferenciado las habilidades y capacidades de cada estudiante.

Ante semejante panorama, árido y desértico de orientación vocacional, echamos mano de algunas ideas, intuiciones, que de algún modo nos ayuden. A continuación trataremos de identificarlas a grandísimos rasgos, bajo el rotulo de “criterios de búsqueda”.

Qué criterios de búsqueda utilizamos:

  • Facilidad de aprendizaje: por descarte se omiten las carreras, a priori, más difíciles, como por ejemplo las carreras de ciencias naturales, relacionadas también con la matemática. Medicina, que es legendariamente la más complicada. Y se pone más atención en aquellas que tienen que ver con las ciencias sociales.
  • Economía: generalmente está internalizado en el inconsciente colectivo que con las carreras tradicionales se “gana bien”: contador, abogado, médico, etc. Con lo cual ante ese imaginario que genera la imagen pudiente y opulenta de aquel que  gastó parte importante de su vida en estudiar esas carreras, es acreedor automáticamente de sueldos y honorarios abultados, en prosa criolla, “la levantan con pala”.
  • Inmediatez del título: En los últimos años han sido crecientes las ofertas de “carreras cortas”, que ofrecen rápida entrega de título y salida laboral. Que quizás son alentadas por un paradigma posmoderno de prestar mayor interés en los resultados inmediatos que en los procesos.
  • Legado o imposición familiar: quizás una de las más tortuosas por que responde a algo impuesto contra la voluntad y no nace en una decisión propia, y generalmente son las más tristes y difíciles de llevar. Recuerdo una compañera del CBC que siempre la veía con mal humor, cara larga e insultando en las clases ya sea al profesor (en vos baja claro) o a los que hacían algún tipo de pregunta dilatando la clase. Luego de las semanas el profesor le pregunta algo referido a uno de los textos que debíamos llevar leídos, esta persona le respondió que no lo había leído. El profesor le pregunta amablemente por qué, ella respondió porque el padre, que era abogado, la obligaba a estudiar derecho por que sino la “desheredaba”. Triste.

Seguramente haya muchos más criterios o ideas a la hora de buscar una carrera para estudiar pero creo que el mejor de los criterios para encontrarla es el de la vocación.

Para ello es bueno recurrir a lo que me gusta hacer, arrancar desde lo sencillo y cotidiano. Y luego preguntarme, eso que me gusta hacer, en qué carrera universitaria (o cualquier otra) lo puedo canalizar. Pues las carreras universitarias nos deben ayudar a canalizar aquello que nos apasiona. Si una carrera elegida no es útil para que pueda explotar mi potencial, lo que me gusta hacer, asfixiará la esencia que tenemos desde que nacimos. Tengo la intuición de que los mejores en sus respectivas profesiones son aquellas personas que sus carreras universitarias han sido un catalizador de sus virtudes, habilidades y talentos naturales.

En mi caso encontré que estudiar derecho era algo que ayudaría a explotar ciertas cosas que me gustan desde siempre.

Si vos que estás leyendo esta entrada, decís: “¡no tengo vocación, no se que estudiar!”. Sugiero que prestes más atención a lo que te gusta hacer y luego preguntante qué carrera u oficio te ayudará a desarrollar aquellas habilidades que disfrutas llevar a cabo.

Tanto la carrera de Derecho como cualquier otra debe ser útil, a cualquier ser humano, para desarrollar, perfeccionar y potenciar sus habilidades naturales, aquellas cosas que ama hacer, es decir, sus talentos naturales.

Antes de elegir una carrera es necesario saber que el titulo no es un fin en si mismo. Tampoco lo es el “estudiar una carrera”, pues el mero hecho de estudiar y obtener un pedazo de cartón con sellos y firmas, que acreditan con un nivel más o menos verosímil mi acopio de información por cinco años, no nos hará felices.

Lo que si nos hará felices (no totalmente, pero si en parte) es desarrollar nuestras habilidades y talentos naturales y la carrera universitaria (o de otro tipo) debe ser un medio y herramienta para potenciar lo que nos apasiona hacer.

§

¿En tu caso qué habilidades ayudó tu carrera a desarrollar? ¿Cuáles habilidades o talentos ayudó tu carrera a descubrir?

Read Full Post »