Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Enseñanza del Derecho’

Cumplimos un año posteando, casi desapercibido para todos, pero sobre todo para las entradas de esta bitácora, aún joven. Luego algo

diremos en relación a este primer año. Pero, para comenzar a despolvar un teclado que juntó polvo durante un mes entero, les comparto una frase que leía en un comentario de Gregorio Badeni. Dicho comentario forma parte del prólogo a un libro sobre recurso extraordinario de Laplacette. Lo interesante de la frase es aquello que no dice, aquello que lleva implícito:

“Al añadir ese enfoque empírico al jurídico, el autor consiguió aunar la teoría con la práctica…”

En la frase lucen, el enfoque empírico y jurídico, como dos elementos desconectados conceptualmente y el autor, en su obra, logra verter en un mismo espacio de análisis a ambos enfoques. Lo cual implica concebir, en el paradigma del prologuista, el derecho como un espacio del conocimiento humano desprovisto de aspectos empíricos.

Luego, el mismo prologuista, asimila al derecho como un conocimiento teórico, desprovisto de elementos fácticos.

Nada decimos ni criticamos de ninguna de las dos personas que mencionamos, simplemente pensamos que cada una de las palabras de la frase citada están poniendo de relieve un paradigma con profundas raíces en la enseñanza del derecho, según el cual: el derecho es concebido como un saber humano “teórico” alejado de la práctica. Así concebido, así transmitido y así enseñado. Bajo ese paradigma producimos profesionales en derecho, cuya formación es eminentemente teórica sin pistas de aterrizaje en la realidad, en los hechos. Es decir: profesionales que conocen teóricamente herramientas (el derecho) pero que no han sido entrenados para utilizarlas (enfoque empírico).

Pensamos que, eventualmente, el autor del libro no añadió un “enfoque empírico al jurídico” sino que eso mismo es derecho.

El paradigma del cual se alimenta la frase que citamos sostiene a todas las obras que, por nuestra parte, hemos utilizado como bibliografía principal de estudio, en la carrera de derecho de la Universidad de Buenos Aires. Por ahora nada podemos hacer, simplemente ser conscientes de ello y en los espacios acotados que tenemos realizar algún tipo de aporte.

Read Full Post »

La Enseñanza del Derecho se la pueda analizar desde muchas ópticas y posiciones. Hoy encuentro dos maneras, muy generales: una estructural y otra particular sobre pequeños acontecimientos que hacen a la EdD. Los pequeños problemas o acontecimientos tienen su origen y respuesta en los problemas estructurales.

Propongo entonces abordar brevemente tan inmenso tópico desde una película genial, “La Sociedad de los Poetas Muertos”. De allí tomaremos algunas escenas, y argumentos de la trama para analizar algunas cuestiones estructurales de la enseñanza del derecho en por lo menos la facultad de Derecho de la UBA donde estudio y que intuitivamente pienso que puede extenderse a otros centros universitarios donde se enseña derecho.

Breve descripción de la película.

El argumento de la película tiene como contexto una prestigiosa institución educativa de EE.UU, conservadora y estricta con directivos, como el Sr. Nolan, en sintonía con estas dos características. Al comienzo de la trama se filtra un profesor de Literatura (Mr. Keating) que rompía todos los moldes establecidos y en nada se adecuaba a las características de la institución. Su vocación por la enseñanza trascendía la poesía y se proyectaba a utilizar su materia para inspirar a sus estudiantes a pensar por ellos mismos y a sacar o desarrollar sus propias capacidades, en este punto es paradigmático la ayuda que le brinda este profesor a dos de sus alumnos: Anderson y Perry, al primero a poder hablar en público venciendo el temor a ser avergonzado por sus ideas, al segundo por animarlo a hacer lo que amaba, actuar.

Tres puntos centrales de la película.

Existen por lo menos tres momentos o personas que vamos a destacar para vincularlos con la enseñanza del derecho. El profesor Keating por un lado, un dialogo entre este y el director de la institución (Nolan) por otro y, finalmente, el efecto de Keating entre los estudiantes.

  • Keating

El profesor Keating, todo lo opuesto a Nolan, encarna la figura de un profesor dedicado, apasionado por su especialidad y deseoso de trasmitirla a sus jóvenes estudiantes. Dispuesto a intercambiar con ellos desde la horizontalidad más plena sin miedos a sentirse “menos avezado” en su materia por dicha posición. Dispuesto a valorar cada intervención de los estudiantes sin desprestigiarlas ni menospreciarlas, siempre alentando la participación dinámica y comprometida. Un oído paciente y dedicado.

También orientado por encontrar maneras nuevas (poco ortodoxas en el pensamiento del directivo, Sr. Nolan) de trasmitir y enseñar su materia, más dinámicas y atractivas para despertar entusiasmo en los estudiantes. Capacidad para ver en sus estudiantes las dificultades para comprometerse con la materia y hacerlas a un lado para facilitar el proceso de enseñanza.

Abundan, en el gremio del Derecho, en cantidades espantosas y escandalosas profesores al estilo Nolan, encargados de ahogar el potencial de los alumnos, trasmitiendo conocimientos sin ser pensados críticamente. Repitiendo formulas dadas sin pensarlas, re-pensarlas y dimensionarlas para modificarlas y mejorarlas. Leer el pensamiento de un autor y trasmitirlo en un examen sin ningún tipo de actividad intelectual enderezada a elaborar un pensamiento propio. Nunca en toda la carrera de Derecho, hasta el momento, me cruce con una pregunta al estilo “¿Cuál es su posición respecto de este tema?” o “Elabore una tesis en orden a criticar fundadamente la posición del autor ‘X’ en el tema ‘H’”, sino por el contrario, profesores que promueven la reproducción de argumentos y posiciones de prestigiosos doctrinarios como condición para alcanzar el diez, cuando la enseñanza del derecho debería estar orientada en formar criterios en los estudiantes para pensar creativamente  el derecho sin condicionamientos de tener que citar a tal o cual doctrinario. Formar juristas con pensamiento propio en tanto que el egresado de una facultad de derecho sea cual fuere su tarea (asesor, litigante, investigador, profesor) es sano que pueda elaborar un pensamiento propio respecto de un tema de derecho, que pueda pensar creativamente y sin condicionamientos en torno al derecho. Esto hoy no es fomentado por la estructura de mi facultad, si por algunos, solo algunos profesores. Pero las condiciones estructurales tienden a ahogar y extinguir a los Kitings en mi facultad.

Digresión: En mi primera materia de derecho (Civil Parte General) teníamos varios profesores, cuatro para ser precisos, pero una de las abogadas que daba clases venía con el capítulo correspondiente del manual de Rivera subrayado y desde allí daba las clases. Intuitivamente pensaba, “no es lo mismo si lo leo en casa”, allí hay mucho para rever. Luego reflexionaremos en otro post sobre las formas y tradiciones en la que se dan las clases de derecho.

  • Diálogo entre Keating y Nolan

Nolan, director de la institución, advierte a Keating sobre sus “métodos poco ortodoxos” de enseñar y le remarca enfáticamente que el programa de estudio “está establecido y probado, funciona”. En la misma escena Nolan le formula una pregunta al profesor poco ortodoxo: “Si lo cuestionas (al programa de estudios) ¿qué puede evitar que ellos hagan lo mismo?”. A renglón seguido Keating le contesta, con maneras diplomáticas, correctas, amables y hasta diría simpáticas, pero lo penetrante de sus afirmaciones son por demás interesantes: “Siempre tuve la idea de que la educación era para aprender a pensar por uno mismo”. Brillante!

He allí el entuerto más difícil y trágico de mi facultad, la puja eterna entre lo viejo y lo nuevo, la tradición y las nuevas ideas, el entusiasmo por lo nuevo y la vocación por la tradición. Tarea importante de los Nolan: promover a los Keatings con generosidad y no ahogarlos en el status quo. Tarea de los Keatings promover jóvenes abogados para que cuestiones los problemas estructurales de la enseñanza del derecho, para que discutan, creen, construyan, revisen, transformen, revolucionen, brillen.

  • Keating y los estudiantes

Algo que realmente logra este profesor en la película es promover a sus estudiantes a que desarrollen sus capacidades. En ningún momento se ve por parte de Keating una intención por solapar capacidades en aras de un programa de estudio, o sostener tradiciones académicas que con el paso del tiempo pierden vigencia. A partir de su especialidad fomenta el desarrollo de la singularidad de cada estudiante, haciendo hincapié en el potencial y talento de cada joven estudiante.

También se ve una interacción entre profesor y alumno que trasciende el ámbito del aula, fomentando la horizontalidad e interacción genuina y dedicada. Esto es algo que definitivamente jamás he visto. Me pregunto con preocupación: Qué existe de malo en que el profesor pueda tomarse un café con algunos de sus alumnos para conversar sobre inquietudes de sus estudiantes. Qué lo impide o de otra manera qué es lo terrible en eso.

§

La escena final, que no tiene desperdicio ni un segundo, sintetiza algunas ideas de manera brillante. Puede verse en ella la ortodoxia académica expulsando a la heterodoxia que puja por un lugar, y finalmente los estudiantes sedientos de libertad para pensar, obviamente siempre habrá quienes resisten los cambios y transformaciones. He allí, en esta escena final, una gran síntesis del estado actual, por lo menos en mi opinión, de mi facultad.

 

 

Pienso si los profesores de mi facultad no tienen la calidad de funcionarios públicos y por ende estar sujetos a un escrutinio estricto por parte de los ciudadanos que disfrutamos o padecemos sus formas de dar clase en orden a realizar criticas constructivas respecto de sus clases. Tengo en mente varios casos que merecen aplausos, luces, diplomas, y otros muchos, más que los primeros lamentablemente, que merecen abucheo, silbido, y una verdulería enteras encima de sus anatomías. Algo parecido a lo que hace Pablo Carducci en ALiC. Veremos (…)

Link de la escena en español (ver), advierto que pierde fuerza con la voces que traducen.

Pueden encontrar más escrito sobre el tema en quiero ser abogadono hubo derecho y saber derecho. Por ejemplo acá acá y acá.

 

Read Full Post »

Una cuestión que se presenta como medular en la vida académica de todo estudiante de derecho son las instancias de evaluación del conocimiento adquirido (parciales, finales, defensa de trabajos prácticos, etc.). Cada mitad de cuatrimestre, o final de los mismos, al caminar por los pasillo de la facultad uno se encuentra con grupos de estudiantes reunidos en las puertas de las aulas esperando que llegue el profesor para tomar el escrito o que salgan a quienes se les está tomando un oral, en esos grupos se genera un nivel de pertenencia, de dialogo y empatía tan grande como pocas veces se ve a lo largo del cuatrimestre. Ese hecho de los parciales quiebra (temporalmente) la lógica individualista con la que somos formados en la facultad. Situaciones que provoquen tanta presión, pocas. Este escenario se hace más complejo, turbio y demencial cuando en el primer cuatrimestre de la carrera nos prestamos a rendir nuestra primera materia de “derecho”, Civil  I o, llamado también, Civil Parte General (un estudiante que en su vida leyó un libro de 200 páginas en una semana le enchufan los dos tomo de Rivera, es caótico, crítico, pero ante todo un desafío formativo). Situaciones como los parciales son un abismo de profundidades desconocidas.

Vaya entonces este breve comentario a partir de la vivencia de todas estas  situaciones que nos generan, a nosotros los estudiantes de derecho, estas instancias de evaluación.

La primera situación a tener en cuenta, y esto los profesores lo saben muy bien, en muy pocas ocasiones es posible volcar en un examen todo lo que uno ha aprendido, por varias razones. La primera es una limitación de tiempo, la otra es el, siempre odioso, papel que juegan los nervios en estas instancias. Y una muy sencilla, tengo para mi que, uno cada vez que sale de una materia posee un vistazo general de la misma pero sin profundidad y meditación. Es decir que cada vez que salimos de una materia tenemos una visión sobre ella (en el mejor de los casos) como una foto de muy poca definición que en cuanto le hacemos zoom se pixela inmediatamente. Ese es el conocimiento con el que llegamos a un parcial, con la inseguridad de que apenas nos realicen preguntas sentimos que se nos pixela la foto (!).

Otras de las cosas que creo más erramos los estudiantes es pensar que el parcial se aprueba el día en que se rinde. Lo que sucede el día del parcial (aprobar o desaprobar) no nace por generación espontánea sino que es consecuencia de todo el cuatrimestre. Es decir, el parcial no lo apruebo el día del parcial, sino que lo estoy aprobando (nótese el tiempo verbal) cada día de estudio previo en el cuatrimestre, con cada pregunta realizada en clase por más estúpida que la sienta (tenemos que asumir que “nuestra pregunta no molesta”. Además los estudiantes en las materias que cursamos gozamos de una impunidad absoluta en cuanto a la materia, una especia de inimputabilidad estudiantil, hasta el día del parcial… claro está), con cada asistencia a clases y fundamental ganas de aprender.

Otra cosa que no es tenida en cuenta, con respecto a los parciales, es que no son tomados como algo formativo en si mismo. No apreciamos como estudiantes la proyección formativa de esas instancias de evaluación. Digo esto por que hay cosas de los exámenes que son, por demás aprovechables, si es que las dimensionamos en el, por lo menos, mediano plazo: tener un conocimiento más o menos manejable respecto de una materia, luego, ese conocimiento, exponerlo oralmente frente a un profesor con alto conocimiento de la materia (dato no menor), estar expuesto a constantes preguntas y repreguntas, y articular respuestas coherentes  y correctas en base a lo estudiado. Manejar la presión que implica la preparación de la materia, pasar por escrito en un tiempo limitado algunas respuestas,  o exponerlo oralmente. En definitiva, estar expuesto a una situación de conflicto y en ese contexto poder argumentar, responder, precisar conceptos, y además, en la previa estar condicionado por tiempos, son de las instancias formativas más fructíferas en la carrera. Reivindico el examen desde esta perspectiva.

Vaya también la reivindicación para el pensamiento tabú previo a un parcial, desaprobar, ser bochado, it´s over… De las noticias más desagradables que uno puede recibir siendo estudiante de derecho y más aún sabiendo como te lo comunican algunos profesores. Desde este punto de vista, tabú, también reivindico la capacidad formativa del parcial desaprobado y de la materia bochada. Puesto que el punto problemático no está en la materia perdida o el dos que me saco en un primer parcial (este último punto es, creo yo el más difícil por que se sigue conviviendo en el ambiente en el cual se obtuvo ese dos y encima se debe enfrentar un recuperatorio, con todo lo que ello implica) sino en la capacidad del estudiante para reponerse a ese estado de cosas negativisimo (inventé palabra, perdón!). La “escuela” del fracaso para el estudiante de derecho es la mejor formadora de carácter, perseverancia, constancia, amor propio, coraje, valentía. No hay como la fortaleza en el carácter de un estudiante (sobre todo el de derecho, por la convivencia cotidiana con el conflicto) que ha remontado las peores notas, los finales mas duros, los profesores más mala leche -los hay- y los más exigentes al momento de evaluar (no confundir esta segunda categoría con la primera, por lo general nos quedan buenos recuerdos de los últimos), dado que la victoria implica necesariamente haber pasado, superado y asimilado derrotas. Sin derrotas es difícil saber lograr y disfrutar victorias. Las derrotas y fracasos son las etapas en la vida del estudiante de derecho donde se cocinan futuras victorias. Desde esta perspectiva también reivindicamos las instancias de evaluación.

Ante cada cuatrimestre, cuando vemos que se pone dura la carrera observemos en la puerta de la facultad como otros estudiantes han rendido su última materia y son víctimas de cruentos ataques (por amigos y familiares) de aceite, mostaza, yerba y demás cosas, con que nos detengamos unos segundos y esa imagen nos saque una sonrisa valdrá la pena continuar hacia la primera meta, recibirse con el bendito cartón debajo del brazo. Otro ejercicio sano y aliciente es asistir ocasionalmente a entregas de diplomas, pasar un rato, mirar, cargar pilas y seguir en la trinchera del estudiante de derecho.

Nuestra reivindicación desde la, esforzada y conflictiva pero siempre apasionante, trinchera del estudiante de derecho…

§

Queda para otra entrada indagar sobre las fallas de los sistemas de evaluación y sus limitaciones y como llevan a (nosotros) los estudiantes a memorizaciones estériles que secan la capacidad para pensar en (y el) derecho, es decir, sacar el martillo y comenzar a martillar sobre las falencias de la facultad, sus profesores, los ayudantes alumnos, la bibliografía, la manera en la que se enseña y aprende. También en algún otro momento recordaremos algunos profesores de la facultad que han marcado mucho desde sus materias nuestra manera de aproximarnos al derecho.

 

Read Full Post »

“Desde la escuela de primeras letras hasta el aula de la universidad, cada hombre debe aplicar su inteligencia a sus aptitudes, nada hay más estéril que el estudio forzado de lo que no se comprende, nada más triste que privarse de aprender lo que se desea.”

José Ingenieros, Las Fuerzas Morales.

Ahora seguimos con lo que va a ser una de los andariveles por los que haremos rodar a este blowg, la enseñanza del derecho. Si bien el post no se relaciona directamente, decidimos comenzar por este tópico previo a meternos totalmente de lleno con los temas, problemas y logros de la enseñanza del derecho desde la perspectiva que apuntábamos al comienzo (aqui).  Quizás, esa es la idea, le pueda servir a chicos, chicas que salen del secundario e incluso a aquellos más grandes que desean estudiar alguna carrera ampliando sus conocimientos.

§

Suele suceder, casi como regla absoluta, que finalizado el secundario (en su variante, secundario tradicional, o polimodal –no sé si hay alguna otra opción-) la pregunta que se impone, con mucha ponzoña, odiosamente, que molesta como calor en verano, es ¿Qué estudio? Frente a nosotros se presenta un vacío colmado de incertidumbres, horizontes universitarios difíciles de abordar y comprender, que a su vez se nos presentan lejanos, ajenos, intimidantes. Nos encontramos totalmente perdidos, lost, sin muchas ideas de como salir de ese estado.

Pero ante esa pregunta solemos acudir a las guías de carreras universitarias, aburridas, extensas, al mirarlas ya dan fatiga, en estos últimos años test vocacionales on line, o buscando en carreras que intuitivamente podemos suponer que nos gustarán, sin tener la más mínima idea de su contenido. Reina, pues, una desorientación global en los adolescentes cuando salen del secundario. Además esa falta de orientación, común y entendible, es fomentada por colegios secundarios que no estimulan de modo diferenciado las habilidades y capacidades de cada estudiante.

Ante semejante panorama, árido y desértico de orientación vocacional, echamos mano de algunas ideas, intuiciones, que de algún modo nos ayuden. A continuación trataremos de identificarlas a grandísimos rasgos, bajo el rotulo de “criterios de búsqueda”.

Qué criterios de búsqueda utilizamos:

  • Facilidad de aprendizaje: por descarte se omiten las carreras, a priori, más difíciles, como por ejemplo las carreras de ciencias naturales, relacionadas también con la matemática. Medicina, que es legendariamente la más complicada. Y se pone más atención en aquellas que tienen que ver con las ciencias sociales.
  • Economía: generalmente está internalizado en el inconsciente colectivo que con las carreras tradicionales se “gana bien”: contador, abogado, médico, etc. Con lo cual ante ese imaginario que genera la imagen pudiente y opulenta de aquel que  gastó parte importante de su vida en estudiar esas carreras, es acreedor automáticamente de sueldos y honorarios abultados, en prosa criolla, “la levantan con pala”.
  • Inmediatez del título: En los últimos años han sido crecientes las ofertas de “carreras cortas”, que ofrecen rápida entrega de título y salida laboral. Que quizás son alentadas por un paradigma posmoderno de prestar mayor interés en los resultados inmediatos que en los procesos.
  • Legado o imposición familiar: quizás una de las más tortuosas por que responde a algo impuesto contra la voluntad y no nace en una decisión propia, y generalmente son las más tristes y difíciles de llevar. Recuerdo una compañera del CBC que siempre la veía con mal humor, cara larga e insultando en las clases ya sea al profesor (en vos baja claro) o a los que hacían algún tipo de pregunta dilatando la clase. Luego de las semanas el profesor le pregunta algo referido a uno de los textos que debíamos llevar leídos, esta persona le respondió que no lo había leído. El profesor le pregunta amablemente por qué, ella respondió porque el padre, que era abogado, la obligaba a estudiar derecho por que sino la “desheredaba”. Triste.

Seguramente haya muchos más criterios o ideas a la hora de buscar una carrera para estudiar pero creo que el mejor de los criterios para encontrarla es el de la vocación.

Para ello es bueno recurrir a lo que me gusta hacer, arrancar desde lo sencillo y cotidiano. Y luego preguntarme, eso que me gusta hacer, en qué carrera universitaria (o cualquier otra) lo puedo canalizar. Pues las carreras universitarias nos deben ayudar a canalizar aquello que nos apasiona. Si una carrera elegida no es útil para que pueda explotar mi potencial, lo que me gusta hacer, asfixiará la esencia que tenemos desde que nacimos. Tengo la intuición de que los mejores en sus respectivas profesiones son aquellas personas que sus carreras universitarias han sido un catalizador de sus virtudes, habilidades y talentos naturales.

En mi caso encontré que estudiar derecho era algo que ayudaría a explotar ciertas cosas que me gustan desde siempre.

Si vos que estás leyendo esta entrada, decís: “¡no tengo vocación, no se que estudiar!”. Sugiero que prestes más atención a lo que te gusta hacer y luego preguntante qué carrera u oficio te ayudará a desarrollar aquellas habilidades que disfrutas llevar a cabo.

Tanto la carrera de Derecho como cualquier otra debe ser útil, a cualquier ser humano, para desarrollar, perfeccionar y potenciar sus habilidades naturales, aquellas cosas que ama hacer, es decir, sus talentos naturales.

Antes de elegir una carrera es necesario saber que el titulo no es un fin en si mismo. Tampoco lo es el “estudiar una carrera”, pues el mero hecho de estudiar y obtener un pedazo de cartón con sellos y firmas, que acreditan con un nivel más o menos verosímil mi acopio de información por cinco años, no nos hará felices.

Lo que si nos hará felices (no totalmente, pero si en parte) es desarrollar nuestras habilidades y talentos naturales y la carrera universitaria (o de otro tipo) debe ser un medio y herramienta para potenciar lo que nos apasiona hacer.

§

¿En tu caso qué habilidades ayudó tu carrera a desarrollar? ¿Cuáles habilidades o talentos ayudó tu carrera a descubrir?

Read Full Post »