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Archive for 20 mayo 2011

Con ganas de postear más seguido pero imposibilitados por el ritmo de la cursada, entre otras muchas cosas, presentamos algunas ideas en torno al Congreso de la Nación y la práctica constitucional relativa a la base de representación de cada una de las Cámaras del Congreso.

Luego de un 2010 extremadamente político, como pocos, pasó al debate público un poder del Estado históricamente disminuido frente al siempre preponderante Poder Ejecutivo. Me refiero al Poder Legislativo, que en el marco de nuestro sistema presidencialista, ha adquirido un protagonismo al que no nos tenía acostumbrados. Esto llevó a que todos, en mayor o menor medida, estemos empapados de temáticas que rodean al Poder Legislativo.

En particular una de ellas refiere a la base de representación de cada una de las Cámaras del Congreso Nacional en tanto que responden a lógicas representativas diferentes. Por un lado es claro que, en la Cámara de Senadores, cada miembro representa a su provincia y en el microclima senatorial este sostén es altamente marcado e influencia toda la práctica parlamentaria de los legisladores.

Pero no está tan claro a quiénes representan los diputados, por lo menos cuando uno intenta cruzar la norma constitucional y la real práctica de dichos legisladores. En ese sentido la Constitución dice:

“Art. 45.- La Cámara de Diputados se compondrá de representantes elegidos directamente por el pueblo de las provincias, de la ciudad de Buenos Aires, y de la Capital en caso de traslado, que se consideran a este fin como distritos electorales de un solo Estado y a simple pluralidad de sufragios. El número de representantes será de uno por cada treinta y tres mil habitantes o fracción que no baje de dieciséis mil quinientos. Después de la realización de cada censo, el Congreso fijará la representación con arreglo al mismo, pudiendo aumentar pero no disminuir la base expresada para cada diputado.”

Está claro que desde el texto constitucional los diputados representan al pueblo (todo) de la Nación pero (paren las rotativas) qué es lo que nos dice la práctica parlamentaria.

Desde ese punto de vista me interesa sugerir algo que quizás para algunos se muestre como obvio pero que en ocasiones es pasado por alto al momento de aproximarse al análisis de dicha práctica. Ambas Cámaras del Congreso ven traccionada su práxis diaria a partir de los intereses políticos de los partidos por medio de los cuales los legisladores han obtenido sus bancas. Y si bien los senadores y diputados se encuentran vinculados en sus mandatos y desempeño a sus provincia y a el pueblo de la Nación (según cada caso) en la realidad diaria sucede algo paradójico. Tanto la fijación de los temas a ser abordados en las Comisiones de cada cámara, los planes de labor parlamentaria para las sesiones, la conformación del quórum reglamentario para dar inicio a las sesiones son todos temas que hacen al funcionamiento esencial del Congreso. Y todos ellos se encuentran sujetos no a las bases respectivas de representación de cada Cámara. Por el contrario, todo ello está determinado esencialmente por la vinculación política de los legisladores.

Lo que estoy sugiriendo es que en el Congreso Nacional, en la práctica parlamentaria, el texto Constitucional es desplazado en cuanto ala base de la representación y prepondera la vinculación político partidaria, y cada legislador en lo escencial es dirigido por los intereses políticos de su respectivo partido.

Algunos ejemplos claros donde puede apreciarse dicha tesis son algunas votaciones donde los partidos, corporizados al interior de cada una de las cámaras en los llamados bloques políticos, en cada votación se encolumnan detrás de lo decidido por el Jefe del bloque y el partido. Y no hay posibilidades (o por lo menos son escazas) de que existan legisladores que se aparten de tales lineamientos.

En lo discursivo existe una vinculacion entre el candidato a legislador y sus propuestas con el electorado. Pero esa aparente vinculación se corroe, se ve erosionada cuando el legislador electo

 asume su cargo de legislador. A partir de allí la la base de la representación no son ni las provincias ni el pueblo de la nación, sino cada partido político con sus intereses coyunturales.

Es claro que en este punto se produce una situación paradojal, en tanto que la Constitución determina que los Partidos Políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático y que estos son vehículos para el acceso a cargos públicos electivos (art. 38). Pero bajo esta premisa de ser herramientas canalizadoras del derecho de todo ciudadano a participar como candidato en elecciones, termina transformándose en una situación que erosiona la representatividad de los legisladores electos.

Paradojas de nuestra práctica constitucional.

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